
En un reino de cuento de hadas, donde los dragones dormían en las montañas y los ríos cantaban melodías mágicas, vivía un joven mago llamado Vocabulario. A pesar de su corta edad, su cabello castaño era tan rebelde como el viento y sus ojos verdes brillaban con la curiosidad de un explorador. Su piel, de un tono medio y saludable, a menudo estaba salpicada de polvo de estrellas de sus experimentos mágicos. Vocabulario no era un mago cualquiera; poseía un secreto asombroso: una fuerza que desafiaba la lógica, una super fuerza que a veces lo metía en pequeños líos. Un día, mientras practicaba sus encantamientos en el Bosque Susurrante, Vocabulario intentó mover una roca encantada que bloqueaba el camino a la cascada de los deseos. Los demás magos habían intentado con sus conjuros más poderosos, pero la roca ni se inmutaba. Vocabulario, con una risita nerviosa, extendió sus pequeñas manos, sintiendo una energía cálida recorrer sus brazos. Imaginó la roca levantándose suavemente, como si fuera una pluma. Con un impulso sorprendente, Vocabulario empujó la roca. Para su asombro y el de los pájaros que observaban, la roca se deslizó con facilidad, revelando el camino despejado. Los árboles parecieron aplaudir con el crujir de sus ramas y las flores inclinaron sus pétalos en señal de respeto. Vocabulario se dio cuenta de que su fuerza no era algo que debiera esconder, sino algo especial que podía usar para ayudar. Emocionado por su descubrimiento, corrió hacia el pueblo con la noticia. Los aldeanos, que siempre habían temido la roca bloqueadora, lo recibieron con vítores y sonrisas. El panadero le regaló un pan dulce, la costurera un diminuto sombrero para su varita y el herrero un pequeño escudo de juguete. Vocabulario se sentía orgulloso, no solo por su fuerza, sino por la alegría que había podido compartir. Desde ese día, Vocabulario usó su super fuerza con sabiduría. Ayudaba a levantar cargas pesadas para los granjeros, a despejar ramas caídas después de las tormentas e incluso a rescatar gatitos de los árboles más altos. Aprendió que la verdadera magia no solo reside en los hechizos, sino también en la bondad y en el uso responsable de los dones que uno posee.

El festival anual del solsticio se acercaba, y con él, la carrera de carruajes tirados por unicornios. Este año, el premio era una gema de sabiduría, que se decía que otorgaba conocimiento infinito a quien la poseyera. Vocabulario soñaba con ganar la gema para aprender todos los secretos de la magia, pero sabía que su tamaño y su fuerza bruta no eran las habilidades esperadas en una carrera de velocidad y agilidad. Aún así, la idea de la gema lo impulsaba. Los días previos al festival, Vocabulario practicó incansablemente. Intentó correr más rápido, pero sus piernas cortas apenas lo llevaban. Intentó mejorar su agilidad saltando sobre pequeños arbustos, pero a menudo terminaba tropezando. Se sentía frustrado. ¿Cómo podía competir contra los corredores más rápidos y esbeltos del reino, cuyos pasos eran como el vuelo de las golondrinas? Durante uno de sus entrenamientos solitarios, tropezó con una raíz y cayó de bruces en el barro. Su varita se deslizó lejos, y al intentar alcanzarla, notó que estaba atascada debajo de un tronco caído. En su desesperación, sintió esa familiar chispa de poder recorrer su cuerpo. Concentrándose, usó su super fuerza para levantar el tronco, liberando su varita. Fue entonces cuando una idea brillante iluminó su mente. Quizás no podía ganar la carrera por velocidad, pero su fuerza podía ser utilizada de una manera diferente. Tal vez no necesitaba ser el más rápido, sino el más ingenioso. Recordó historias de corredores que habían tenido problemas con obstáculos inesperados y se dio cuenta de que su fuerza podría ser la solución. Decidió que competiría, no para ganar por ser el más rápido, sino para ofrecer su ayuda si algún competidor se encontraba en apuros. Sería una forma diferente de participar, una que honraba su habilidad única y su deseo de ayudar, un propósito más valioso que la victoria individual.
Llegó el día del gran festival y la multitud vitoreaba mientras los carruajes tirados por unicornios comenzaban a avanzar. Vocabulario, con su pequeño sombrero nuevo, observaba desde el borde del camino. Los corredores zigzagueaban con elegancia, pero pronto, el primer obstáculo, un puente de cuerdas que se había dañado por el viento de la noche anterior, causó problemas. Uno de los carruajes se inclinó peligrosamente. Sin dudarlo, Vocabulario corrió hacia el puente. Ignorando las miradas sorprendidas, se agarró a las cuerdas rotas y, con un rugido, usó su super fuerza para enderezar el carruaje y asegurar el puente lo suficiente como para que los demás pudieran pasar. Continuó la carrera, y más adelante, una roca rodó inesperadamente al camino, bloqueando el paso a otro competidor. Nuevamente, Vocabulario estaba allí. Con un esfuerzo visible pero controlado, apartó la roca, permitiendo que el carruaje siguiera su curso. Los otros corredores, que al principio lo habían mirado con extrañeza, ahora lo veían con admiración. La gema de sabiduría aún estaba en juego, pero algo más valioso estaba sucediendo. La gente coreaba el nombre de Vocabulario, no por velocidad, sino por su valentía y su ayuda incondicional. Al final de la carrera, aunque no fue el ganador de la gema, Vocabulario se sintió más feliz que nunca. Los sabios del reino se acercaron a él y, en lugar de una gema, le otorgaron un título honorífico: "El Protector Fuerte". Le explicaron que la verdadera sabiduría no es solo saber cosas, sino usar tus talentos para el bien de los demás, una lección que Vocabulario llevaría consigo para siempre, entendiendo que su fuerza era un regalo para el mundo.

Fin ✨
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