
En un rincón soleado de la ciudad, vivía una niña llamada Vocales. No era una niña cualquiera; bajo su cabellera castaña y sus ojos celestes como el cielo de verano, latía el corazón de una superheroína. Con su piel de un tono medio, como la tierra fértil, se sentía diferente, especial. Su superpoder, un don extraordinario, era el de hablar con los animales, entendiendo sus alegres parloteos y sus preocupados susurros. Pasaba horas en el parque, conversando con las ardillas y enseñando trucos a los perros. Los pájaros le contaban chismes del barrio y los gatos le pedían consejo sobre dónde encontrar el mejor lugar para una siesta. Un día, mientras jugaba cerca del viejo roble, un pequeño gorrión aterrizó en su hombro, visiblemente agitado. El gorrión, con su trino rápido, le contó a Vocales sobre un extraño silencio que se había apoderado del Bosque Murmurante, un lugar conocido por su vibrante vida sonora.

La preocupación de Vocales se encendió. El Bosque Murmurante era el hogar de innumerables criaturas y la ausencia de sus sonidos era alarmante. Sin dudarlo, se despidió de sus amigos del parque y emprendió el camino hacia el bosque. Al entrar, la quietud era casi palpable. Los árboles, aunque altos y frondosos, parecían contener la respiración. Vocales llamó a algunos de sus amigos animales que vivían cerca del borde, como el viejo Búho Sabio. El búho, con sus grandes ojos redondos, le explicó que una criatura sombría, atraída por la discordia, había comenzado a susurrar miedos y desconfianza entre los habitantes del bosque. Este "Susurro Negro", como lo llamó, les había robado las ganas de cantar, jugar y convivir. La tristeza cubrió el rostro de Vocales; sabía que debía hacer algo rápido antes de que el silencio se volviera permanente.
Vocales reunió a los animales más valientes que aún se atrevían a moverse: un conejo inquieto, un zorro astuto y un tejón gruñón pero leal. "No podemos dejar que el miedo nos silencie", dijo con firmeza. "Recordemos lo que nos une: la belleza de este bosque, nuestras familias, la alegría de estar juntos". Comenzó a hablarles, no con su voz de superheroína, sino con la voz suave y tranquilizadora que usaba para calmar a los cachorros asustados. Les recordó canciones antiguas, historias compartidas y el placer de ayudarse mutuamente. Sus palabras resonaron, llenando el vacío del silencio con esperanza. Lentamente, un gorrión tímidamente comenzó a piar, luego otro, y pronto, un coro tímido pero creciente de sonidos llenó el aire. El Susurro Negro, incapaz de competir con la armonía del amor y la unidad, se desvaneció como la niebla al amanecer. El Bosque Murmurante volvió a la vida, más ruidoso y feliz que nunca, y Vocales, la superheroína que escuchaba con el corazón, sonrió, sabiendo que la mejor arma contra la oscuridad es siempre la luz de la comprensión y la unión.

Fin ✨
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