Bauti, el Astronauta Curativo

Por
Tatiana Olivera
Tatiana Olivera
17/12/2025INICIAL
Bauti era un niño con un corazón tan grande como el universo y un cabello castaño tan revuelto como
Inicio del Cuentito

Parte 1

Bauti era un niño con un corazón tan grande como el universo y un cabello castaño tan revuelto como una nebulosa. Sus ojos marrones brillaban con la curiosidad de quien ha visto las estrellas de cerca. Con su piel clara, parecía recién salido de un sueño espacial. Desde que era pequeño, Bauti soñaba con viajar por el cosmos, no solo para explorar planetas desconocidos, sino para llevar su don especial a donde fuera necesario. Su traje de astronauta, un poco grande para su menudo cuerpo, estaba lleno de parches coloridos de misiones pasadas y futuras. Un día, Bauti recibió la llamada más emocionante de su vida: una misión a la Luna para ayudar a los pequeños habitantes lunares que habían contraído un extraño resfriado cósmico. Estos seres, pálidos y temblorosos, habían perdido el brillo de sus ojos plateados. La nave espacial de Bauti, con forma de estrella fugaz, lo esperaba lista para el despegue. "¡Prepárense para despegar!", exclamó con una sonrisa, ajustándose su casco brillante. El viaje fue corto pero lleno de maravillas. A través de la ventana, Bauti vio la Tierra, una canica azul y verde, encogiéndose a lo lejos. Las estrellas parpadeaban como diamantes esparcidos sobre terciopelo negro. Pensaba en las maravillas que le esperaban en la Luna y en cómo su don de curar podría hacer una gran diferencia. Se imaginaba a los pequeños lunares riendo de nuevo, con sus pieles plateadas radiantes. Al aterrizar suavemente en el polvo lunar, Bauti salió de su nave, sus botas dejando huellas imborrables en el suelo gris. El paisaje era desolado pero hermoso, con cráteres profundos y montañas suaves bajo un cielo sin aire. Encontró a los habitantes lunares acurrucados en cuevas, sus pequeños cuerpos cubiertos por mantas espaciales. Sus gemidos eran apenas audibles en el silencio absoluto del satélite. Con su bolsa de medicinas espaciales y una sonrisa tranquilizadora, Bauti se acercó. Sabía que no solo necesitaba remedios, sino también calidez y esperanza. Estaba listo para usar su superpoder, ese que le permitía sanar no solo el cuerpo, sino también el espíritu, infundiendo energía positiva y bienestar con solo un toque.

Bauti se arrodilló junto al primer pequeño lunar, un ser diminuto con antenas temblorosas. Le puso u
Desarrollo del Cuentito

Parte 2

Bauti se arrodilló junto al primer pequeño lunar, un ser diminuto con antenas temblorosas. Le puso una mano suave sobre su frente fría y cerró los ojos. Una cálida luz dorada emanó de sus palmas, envolviendo al pequeño ser en un abrazo invisible. El resfriado cósmico, que se manifestaba como destellos plateados incontrolables y escalofríos, comenzó a ceder. Poco a poco, el temblor se detuvo, y el brillo apagado en los ojos del pequeño lunar regresó, más brillante que antes. Uno a uno, Bauti visitó a todos los niños lunares afectados. Con cada toque, extendía su energía sanadora, un regalo del universo que le permitía restaurar la vitalidad y el bienestar. Los gemidos se transformaron en susurros de alivio y luego en pequeñas risitas. Las mantas espaciales fueron desechadas mientras los pequeños lunares empezaban a mover sus extremidades con renovada energía, jugando entre sí con destellos de alegría. El líder de los lunares, un anciano sabio con una barba plateada que colgaba hasta sus pies, observaba con asombro y gratitud. "Nunca habíamos visto nada igual", dijo con una voz suave y resonante. "Tu don es un milagro, joven astronauta. Has traído la luz de regreso a nuestra morada plateada. Estamos eternamente agradecidos por tu bondad y tu poder curativo." Bauti sonrió, sintiendo una calidez profunda en su pecho, una sensación aún mejor que la de flotar en gravedad cero. Ayudar a otros, verlos felices y sanos, era su verdadera vocación. Les explicó que su poder no era magia, sino una forma de compartir la energía positiva que todos llevamos dentro, solo que él podía enfocarla para sanar. Los niños lunares, ahora completamente recuperados, rodearon a Bauti, tirando de su traje espacial con entusiasmo. Querían mostrarle su hogar, las cuevas iluminadas por cristales brillantes y los jardines de rocas plateadas que florecían en la oscuridad. Bauti, feliz, aceptó la invitación, ansioso por ver más de este mundo fascinante que acababa de ayudar a sanar.

Parte 3

Bauti pasó el resto del día explorando la Luna con sus nuevos amigos. Jugaron a las escondidas entre los cráteres, construyeron castillos de polvo lunar y aprendieron sobre la vida bajo la superficie. Los pequeños lunares, antes débiles y apáticos, ahora saltaban con una agilidad sorprendente, sus cuerpos plateados reluciendo bajo la luz de la Tierra distante. Mientras el sol terrestre se preparaba para ascender en el horizonte lunar, Bauti supo que era hora de partir. Se despidió de sus amigos con abrazos y promesas de volver. Les regaló algunas semillas de plantas terrestres que, con un poco de cuidado, podrían crecer incluso en el suelo lunar, un símbolo de esperanza y vida. De vuelta en su nave, Bauti miró por la ventana a los pequeños lunares que agitaban sus manitas plateadas en señal de adiós. Sentía el corazón lleno de alegría. Había cumplido su misión, no solo curando un resfriado cósmico, sino también recordando a todos la importancia de la empatía y el cuidado mutuo, sin importar de qué planeta vengas. De regreso a la Tierra, Bauti reflexionó sobre su aventura. Comprendió que el verdadero superpoder no era solo la habilidad de curar, sino la disposición a usar ese don para ayudar a los demás y hacer del mundo, o del universo, un lugar mejor. Sabía que cada acto de bondad, por pequeño que fuera, podía tener un impacto inmenso. Al aterrizar, Bauti fue recibido como un héroe. Pero para él, la mayor recompensa era el recuerdo de las sonrisas sanas en los rostros plateados de sus amigos lunares y la certeza de que siempre habría alguien a quien ayudar. La lección que Bauti se llevó de la Luna es que el amor y la compasión son los remedios más poderosos que existen, capaces de sanar cualquier mal y de unir corazones a través de las estrellas.

Bauti pasó el resto del día explorando la Luna con sus nuevos amigos. Jugaron a las escondidas entre
Final del Cuentito

Fin ✨

Detalles del Cuentito

Protagonista:Bauti
Categoría:
Tipo de personaje:
Superpoder:
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