
Sayen era una niña radiante con cabello rubio como el sol y ojos marrones llenos de curiosidad. Su piel clara brillaba bajo los rayos del sol mientras jugaba en el patio de la escuela. A pesar de su corta edad, Sayen poseía un secreto asombroso: una super fuerza increíble. Nadie sabía cómo ni por qué, pero Sayen podía levantar objetos mucho más pesados de lo que correspondía a su tamaño. A menudo, se contenía para no asustar a sus amigos, pero en su interior, sentía la chispa de un poder especial.

Un día, durante la clase de arte, la pesada estatua de arcilla que habían estado construyendo durante semanas comenzó a tambalearse peligrosamente. Todos los niños gritaron y corrieron asustados, pero Sayen sabía que debía actuar. Con una determinación feroz, corrió hacia la estatua y, con todas sus fuerzas, la sostuvo antes de que cayera al suelo. Los demás niños la miraron boquiabiertos, asombrados por lo que acababan de presenciar. Sayen, con el rostro sonrojado, solo sonrió tímidamente.
El maestro, asombrado, agradeció a Sayen por su valentía y su increíble fuerza. A partir de ese día, Sayen entendió que su super fuerza no era algo que debiera esconder, sino un don que podía usar para ayudar a los demás. Aprendió que la verdadera fuerza no reside solo en el cuerpo, sino en el corazón y en la voluntad de usar nuestros talentos para hacer el bien. Sayen se convirtió en la heroína silenciosa de la escuela, siempre dispuesta a dar una mano (o dos) a quien lo necesitara, enseñando a todos que la bondad y la ayuda mutua son los superpoderes más importantes.

Fin ✨
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