Chel y el Bosque Encantado

Por
lizbeth Anahi Euan Moo
lizbeth Anahi Euan Moo
8/12/2025INICIAL
Chel era un niño como cualquier otro, con cabello negro azabache, ojos tan grises como la niebla mañ
Inicio del Cuentito

Parte 1

Chel era un niño como cualquier otro, con cabello negro azabache, ojos tan grises como la niebla mañanera y una piel oscura que brillaba bajo el sol. Vivía en un pequeño pueblo al borde de un bosque misterioso, del cual los adultos siempre advertían a los niños. Pero Chel, a pesar de su corta edad, sentía una curiosidad insaciable por explorar sus profundidades. Lo que nadie sabía era que Chel poseía un secreto extraordinario: una super fuerza que le permitía levantar objetos mucho más pesados de lo que su pequeño cuerpo aparentaba. A menudo, la usaba en secreto para ayudar a su abuela a mover sus macetas más grandes o a su padre a transportar troncos pesados para la chimenea, siempre con una sonrisa juguetona en su rostro. Un día soleado, mientras jugaba cerca del bosque, Chel escuchó un leve gemido proveniente de entre los árboles. Su corazón dio un vuelco. A pesar de las advertencias, no pudo resistir el llamado de auxilio. Lentamente, se adentró en la espesura, el aire volviéndose fresco y el olor a tierra húmeda llenando sus fosas nasales. Los árboles parecían susurrar secretos antiguos, y la luz del sol se filtraba a través de las hojas en patrones danzantes. El camino se volvía cada vez más denso, y Chel sentía una mezcla de emoción y un poco de temor, pero su determinación por ayudar lo impulsaba hacia adelante, acompañado solo por el sonido de sus propios pasos sobre la hojarasca. Al cabo de unos minutos de caminar, llegó a un pequeño claro. Allí, atrapado bajo una roca enorme, yacía un conejito blanco de orejas caídas, que no dejaba de temblar. El corazón de Chel se encogió al ver la desesperación en los ojitos del animalito. Sabía que la roca era demasiado pesada para cualquier niño de su edad, pero para Chel, su super fuerza entraba en acción. Se acercó con cuidado, examinó la roca, calculando el mejor ángulo para moverla. Respiró hondo, concentrando toda su energía, sintiendo el poder burbujear en sus venas, listo para ser liberado en un acto de valentía y compasión. Con un esfuerzo supremo, Chel extendió sus pequeños brazos y, apoyando sus manos en la fría superficie de la roca, empujó. Sus músculos se tensaron, su rostro se arrugó por la concentración, pero la roca, milímetro a milímetro, comenzó a ceder. El sonido de la piedra raspando contra la tierra fue el único ruido en el claro, aparte de los suaves jadeos del conejito. Finalmente, con un último empujón, la roca rodó a un lado, liberando al pequeño animal. Chel sintió una oleada de alivio y satisfacción al ver al conejito dar un respingo y correr libremente. El conejito, en lugar de huir, se detuvo un momento y miró a Chel con gratitud antes de desaparecer entre los arbustos. Chel sonrió, sintiendo una calidez especial en su pecho. Había usado su fuerza para hacer el bien, demostrando que incluso los dones más extraordinarios son mejores cuando se comparten para ayudar a otros. Se dio cuenta de que su super fuerza no era solo para él, sino una herramienta para proteger y asistir a quienes lo necesitaban, y esa idea lo hizo sentir más fuerte y feliz que nunca. Volvió a casa, con el corazón ligero y una lección importante aprendida.

Chel continuó su camino, la maravilla del bosque cautivándolo. Había árboles con troncos retorcidos
Desarrollo del Cuentito

Parte 2

Chel continuó su camino, la maravilla del bosque cautivándolo. Había árboles con troncos retorcidos que parecían formar figuras de animales y flores de colores vibrantes que brillaban con una luz propia. De repente, oyó un crujido de ramas sobre su cabeza y vio a una ardilla parlanchina, con un pelaje anaranjado brillante, que caía de una rama alta. La ardilla aterrizó con un pequeño chillido, con una pata lastimada. Chel corrió hacia ella, preocupado. El animalito intentaba levantarse pero retrocedía con dolor. Chel sabía que no podía dejarla así. Con cuidado, se acercó a la ardilla, hablándole en voz baja para calmarla. La ardilla, sorprendentemente, parecía entenderlo y dejaba que Chel la examinara. Vio que su pata estaba atrapada entre dos ramas gruesas que se habían partido. La abertura era muy pequeña para que la ardilla pudiera liberarse sola. Chel sabía que debía usar su fuerza, pero con mucha delicadeza, pues la pata de la ardilla era muy frágil. Respirando hondo, Chel se arrodilló junto a las ramas. Miró a la ardilla, asegurándose de que estuviera lista. Sus manos se posaron en las ramas crujidas. Con una presión muy controlada, Chel comenzó a separar las ramas, centímetro a centímetro. El esfuerzo era considerable, pero el control era aún mayor. Podía sentir la tensión en sus músculos, pero se enfocaba en la delicada pata de la ardilla que estaba tan cerca. La ardilla, con los ojos muy abiertos, permaneció inmóvil, confiando en el niño. Finalmente, con un suspiro de alivio, Chel logró crear una abertura lo suficientemente grande. La ardilla retiró su pata con cuidado, la sacudió un poco y luego la apoyó en el suelo. No parecía tener ninguna herida grave, solo un pequeño raspón. Miró a Chel con sus ojitos oscuros y emitió un parloteo alegre, casi como si le estuviera agradeciendo. Chel sonrió, sintiendo una gran alegría al ver a la ardilla recuperada. La ardilla, con un salto ágil, trepó por un árbol cercano. Antes de desaparecer entre el follaje, se detuvo y dejó caer una pequeña bellota dorada a los pies de Chel. Chel la recogió, maravillado. Era la bellota más bonita que había visto nunca. Entendió que era un símbolo de gratitud y un recuerdo de su acto de bondad. La guardó en su bolsillo, sintiendo que su aventura en el bosque estaba llena de momentos mágicos, todos posibles gracias a su fuerza y su voluntad de ayudar.

Parte 3

Mientras Chel guardaba la bellota dorada, escuchó un rugido grave que hizo temblar el suelo. Provenía de lo profundo del bosque. Su corazón latió con fuerza. Sabía que era algo grande. Miró a su alrededor, un poco asustado, pero también intrigado. Decidió seguir el sonido con cautela. Avanzó por un sendero menos transitado, donde los árboles eran aún más imponentes y la luz era escasa. El aire se sentía cargado de una energía ancestral. Se sentía la presencia de algo poderoso. Llegó a una gruta oscura, cuya entrada estaba bloqueada por una enorme piedra. Del interior emanaba el rugido, que ahora sonaba más como un lamento de dolor. Chel se asomó a la entrada y vio, a la tenue luz que entraba, a un enorme oso pardo que yacía en el suelo. Una gran roca, similar a la que había movido antes, estaba alojada en su pata trasera, impidiéndole moverse y causando su sufrimiento. Chel entendió de inmediato. El oso estaba atrapado y herido, y su rugido era de dolor, no de rabia. A pesar de que el oso era inmenso, Chel no sintió miedo. Vio la vulnerabilidad en los ojos del animal y supo que tenía que hacer algo. A pesar de la diferencia de tamaño, su fuerza era su mayor aliado. Se acercó a la entrada de la cueva, preparándose para la tarea más difícil hasta el momento. Miró la roca, su tamaño imponente, y luego al oso, calculando el riesgo y la posibilidad de éxito. Reuniendo toda su coraje y su poder, Chel se paró firmemente frente a la entrada de la cueva. Respiró profundamente, sintiendo el poder fluir a través de él. Posicionó sus manos en los bordes de la roca, sintiendo su peso abrumador. Con un grito de esfuerzo, empujó. La roca se movió lentamente, crujiendo y raspando contra el suelo de la cueva. El oso, observándolo fijamente, pareció comprender que el niño intentaba ayudarlo. Finalmente, la roca rodó lejos de la pata del oso. El animal gimió suavemente y luego, con cuidado, se levantó. Cojeaba un poco, pero estaba libre. El oso miró a Chel, bajó la cabeza en un gesto de respeto y profundas gracias, y luego se alejó lentamente hacia las profundidades del bosque. Chel observó su partida, sintiendo una profunda satisfacción. Había aprendido que la verdadera fuerza no reside solo en el poder físico, sino en la valentía de usar ese poder para ayudar a los más débiles y necesitados, incluso cuando enfrentamos nuestros mayores miedos. Esa lección resonaría en su corazón para siempre.

Mientras Chel guardaba la bellota dorada, escuchó un rugido grave que hizo temblar el suelo. Provení
Final del Cuentito

Fin ✨

Detalles del Cuentito

Protagonista:Chel
Categoría:
Tipo de personaje:
Superpoder:
Estilo:

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